martes, 7 de septiembre de 2010

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La vergonzosa entrega de la soberanía colombiana a los Estados Unidos, rubricada con el establecimiento de siete bases militares en nuestro territorio, hace parte de una estrategia más amplia de la primera potencia mundial por asegurarse el control de su patio trasero latinoamericano por las próximas décadas, en un momento en que su hegemonía mundial está seriamente resquebrajada. Dicha crisis de hegemonía se manifiesta en dos circunstancias complementarias: la crisis económica que los carcome desde dentro, y la derrota estratégica que sufre en Irak y en Afganistán, la cual se desarrolla en cámara lenta y se rubrica con la pretensión fallida de darle un vuelco a la situación con el envío de 30 mil soldados adicionales al frente de guerra afgano por parte de Barak Obama, flamante Premio Nobel de la Paz (sic). Sin embargo, para contrarrestar esa pérdida de hegemonía en el mundo, Estados Unidos refuerza su intromisión en América Latina, donde lleva a cabo una contraofensiva, como lo sustentamos en este artículo.
Estados Unidos: la crisis interna se a

Con el argumento de combatir a guerrillas de izquierda, entre 1994 y 2000 se produjo en este país la más fuerte expansión paramilitar, que dejó decenas de miles de campesinos asesinados y millones de desplazados hacinados en las ciudades.

La seguridad alimentaria de esos desplazados se quedó en la parcela, que luego fue tomada por las mafias paramilitares, ya fuera mediante la compra a precios irrisorios o por ocupación a la fuerza, describió.